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Mostrando las entradas de septiembre, 2025

Vida nocturna

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Vida nocturna Mi madre siempre me advirtió que salir de noche era un riesgo. Las amenazas acechan en cada sombra, y más para una señorita como yo. Pero desde que tengo memoria, la noche me ha seducido con sus encantos. Hay algo en su misterio que hace vibrar mi cuerpo, que me obliga a caminar bajo su manto. Explorar el barrio a oscuras me da una sensación de libertad que el día jamás me regala. Soy prudente: avanzo con los ojos bien abiertos y no atiendo a desconocidos. Soy joven, sí, pero no ingenua. ¡De pronto todo se ilumina! La claridad repentina me ciega, mi pecho se encoge. Tengo miedo. Un zapato gigantesco se precipita hacia mí. Nunca pensé que salir de noche iba a costarme la vida. Bravao, Norah. Escritos mortecinos…

Conejita

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Conejita Mi médico me recomendó ingerir colágeno para conservar  la salud de las articulaciones y conejo para la longevidad y ganar algunas batallas a la muerte. Por ello, siguiendo la prescripción médica, he decidido contratar los servicios de una niña disfrazada de conejita para aliviar todos mis males Bravao, Norah, Escritos sin par

Declaración

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Declaración  Más que tu silueta perfecta y tú entrega total en el amor, me encanta la manera en que me miras y la pasión que le pones a la vida. Me contagias tu entusiasmo y tu valentía por la defensa de las causas justas. Te amo por elección, sin necesidad alguna. Amor libre y en libertad. Bravo, A., Confesiones ...

Príncipe de este mundo

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Príncipe de este mundo “En aquel tiempo, estando Jesús a la mesa con sus discípulos, se turbó en su espíritu y dio testimonio diciendo: «En verdad, en verdad os digo: uno de vosotros me va a entregar». Los discípulos se miraron unos a otros perplejos, por no saber de quién lo decía. Uno de ellos, el que Jesús amaba, estaba reclinado a la mesa en el seno de Jesús. Simón Pedro le hizo señas para que averiguase por quién lo decía. Entonces él, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó: «Señor, ¿quién es?». Le contestó Jesús: «Aquel a quien yo le dé este trozo de pan untado». Y, untando el pan, se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote. Detrás del pan, entró en él Satanás” (Sintió cómo la ambición lo iba devorando desde dentro. En su mente se desplegaban escenas rápidas: el tintinear de las monedas, banquetes junto a Herodes, un asiento distinguido en el sanedrín. La vida que siempre había codiciado por fin parecía al alcance de su mano. Cada palabra, cada gesto compartido con el Na...