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Mostrando las entradas de julio, 2025

Zicatela

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Zicatela es una playa de olas imponentes. No es para cualquiera: solo deberían adentrarse en el mar los nadadores expertos o los surfistas curtidos. Desde el primer momento, se percibe una mezcla de culturas que la vuelve única. Aunque es territorio mexicano, su atmósfera es claramente cosmopolita. Hay visitantes de todo el mundo: israelíes, ucranianos, marroquíes, norteamericanos, argentinos, españoles, italianos, entre otros; es decir, un mosaico de nacionalidades y acentos. Cada quien viene por algo distinto: vacaciones, aventura, trabajo o romance. La hospitalidad es auténtica. La mayoría de las personas es amable, incluso cálida. No sé si se debe al ambiente turístico o si, sencillamente, así es la gente en esa región del Pacífico. El Adoquín es ideal para caminar con calma, curiosear artesanías y dejarse llevar por el ritmo del lugar. La laguna de los cocodrilos impresiona por su inquietante serenidad: el silencio ahí huele a peligro. Las Manitas aportan un toque de calidez entra...

Fado

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Fado Siento que estoy en el lugar equivocado, pero aún así no podría estar en un mejor lugar. Mi pulso se acelera. Mi respiración se agita. Sé que no debo seguir por la recta vereda; pues encontraré la muerte; pero mis pies y todo mi cuerpo se dirige hacia ese lugar con ánimo diligente, como si tuviera que cumplir una misión expedita. No me obedece; sigue su propio rumbo. Está muy cerca el precipicio; me abismo; mis ojos se desorbitan; mi hora llegó Bravao, Norah, Escritos mortecinos…

Justino Hernández: el hombre que habló con la tierra

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Justino Hernández: el hombre que habló con la tierra Un hombre solo, la culpa como herencia y la tierra como única confidente. Esta es la historia de Justino Hernández. Justino Hernández era un hombre de tierra y silencio. Delgado, pero de brazos fuertes como raíces, su rostro estaba surcado por arrugas profundas, no tanto por los años como por las penas. Desde joven, cargó el peso de una tragedia que no eligió: la muerte repentina de su padre lo convirtió en cabeza de familia con apenas doce años. Tuvo que hacerse hombre sin tiempo, sin tregua, cuidando a sus seis hermanos. Pero la pobreza y el crudo invierno se llevaron a cuatro de ellos. Justino nunca se perdonó. Aquella culpa le quedó grabada en los ojos. Y sus dos hermanos menores, los sobrevivientes, lo supieron pronto. Aprendieron a manipularlo con la memoria de los ausentes. —Si no nos cuidas, vamos a morir igual que ellos —le decían—. Tú sabrás. Justino nunca respondió. Solo trabajaba más. Años después, se casó con María Lima....

Parricidio

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Parricidio En el último tajo, el filo se desprendió del mango del hacha. No le importó. Alzó los brazos en señal de triunfo y levantó las cejas jubilosamente. El trabajo estaba consumado: el crujido del tronco anunciaba que el árbol estaba por caer. Pensó que el esfuerzo de la mañana había valido la pena; misión cumplida. Saboreaba la comida que aquella tarde compartiría con su familia, una vez recibido el dinero de la paga.  Giró la cabeza y sus ojos se llenaron de espanto, Chalino dio un paso atrás, apenas un instante de respiro... y entonces lo vio. El filo se había enterrado en la frente de su padre, justo en el centro, como si la muerte hubiera apuntado con precisión quirúrgica. Los ojos del viejo se abrieron, sorprendidos, pero ya vacíos. Cayó de rodillas primero, como si aún pudiera sostenerse. Luego el cuerpo se desplomó pesadamente, sin despedirse. Chalino corrió, con los brazos temblorosos, gritando sonidos de dolor hacia su padre. Lo levantó inútilmente y se em...