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Mostrando las entradas de mayo, 2025

La bicicleta

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La bicicleta He estado en esta familia durante tres generaciones. Recuerdo cuando el abuelo me compró en una agencia. Salí rodando con todos mis componentes nuevos. No me dolía ni un tornillo. El abuelo y yo recorrimos la ciudad y veredas sinuosas. Fuimos compañeros de aventuras. El gusto por montarme, se lo heredó a su hijo, quien, desde morro, en su pequeña bicicleta, nos seguía el paso. Cuando el niño cumplió 15, fui su regalo de cumpleaños. Él estaba feliz. Siempre había sido su sueño, montarme. También compartimos muchas experiencias el nuevo amo y yo. Cuando el hijo del nuevo amo nació, me pusieron en la cochera, pero el polvo y la inactividad han oxidado mis componentes. Desde donde estoy, alcanzo a ver un artefacto como yo de dos ruedas, que cuando lo encienden hace un ruido infernal y me hace toser. Esto no es vida. Mejor quisiera irme al paraíso de las bicicletas.  Bravao, Norah, Objetos animados… 

Corazón

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Corazón  Fue una búsqueda ardua. Me costó mucho trabajo encontrar a la candidata ideal, pero al final valió la pena las horas robadas al sueño y principalmente el sacrificio. ¿Qué más grande muestra de amor que dar la vida por los otros? Su último latido servirá para que el sol nos siga iluminando durante la fiesta del Venerable Corazón.  Bravao, N., Escritos mortecinos…

Diez segundos

Diez segundos Lo recuerdo bien, tu cabeza se recostó sobre mi pecho al tiempo en que te abracé. Dijiste mi nombre. En esos instantes el tiempo se congeló. Todo lo que te quería decir desde hacía mucho tiempo estaba al filo de mi lengua, esperando para salir y eclipsarte para configurar un porvenir juntos, pero no. Fue un abrazo lánguido de diez segundos. Al final, nuestras miradas expresaban lo que ambos sabíamos: no nos volveríamos a ver.  Bravao, N., Escritos sin retorno…

Fantasmas

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Fantasmas No debí enamorarme de ti. Lo supe desde que noté las banderas rojas. No habías superado a tu ex y peor aún: tu ex había muerto; pero ahí fui yo como super man a intentar que no subieras a la barca de Caronte. El resultado: todos sufrimos tu ex en el reino de los muertos; vos, en el limbo, entre cruzar el río de las almas perdidas y con mi mano que lo impide, y yo que soy un muerto en vida por tu presencia ausente.  Bravao, N., Escritos mortecinos…

Dos confesiones

Dos confesiones  Dibujo la trayectoria del mosquito con la luz del cigarro, mientras escucho Alive de Pearl Jam. No puedo sacarme esa imagen de tu cara cuando me confesaste con detalle como otras manos te habían poseído. Sentí coraje, odio, rencor. Ambos tenían que pagar su deslealtad. Confieso que cincuenta puñaladas en cada cuerpo solo apaciguaron mi ira. Lo que me dio verdadera paz fue escuchar, con tu último aliento, Amor, las palabras “lo siento”. Sentí tristeza, pero lo que se hace, se paga.  Bravao, Norah, Confesiones…

Miradas

Miradas Cuando nuestras miradas se cruzaron por primera vez en el salón de juntas de la oficina, ambos supimos que te la tragarías íntegramente  Bravao, Norah, Microrrelatos eróticos