La bicicleta
La bicicleta He estado en esta familia durante tres generaciones. Recuerdo cuando el abuelo me compró en una agencia. Salí rodando con todos mis componentes nuevos. No me dolía ni un tornillo. El abuelo y yo recorrimos la ciudad y veredas sinuosas. Fuimos compañeros de aventuras. El gusto por montarme, se lo heredó a su hijo, quien, desde morro, en su pequeña bicicleta, nos seguía el paso. Cuando el niño cumplió 15, fui su regalo de cumpleaños. Él estaba feliz. Siempre había sido su sueño, montarme. También compartimos muchas experiencias el nuevo amo y yo. Cuando el hijo del nuevo amo nació, me pusieron en la cochera, pero el polvo y la inactividad han oxidado mis componentes. Desde donde estoy, alcanzo a ver un artefacto como yo de dos ruedas, que cuando lo encienden hace un ruido infernal y me hace toser. Esto no es vida. Mejor quisiera irme al paraíso de las bicicletas. Bravao, Norah, Objetos animados…