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Mostrando las entradas de abril, 2026

QEPD

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QEPD Murió como vivió: en sobriedad y pobreza. Se fue por hambre, frío, soledad o infarto; quizás todo a la vez. El hedor fue la voz que anunció su deceso y la fosa común, su última morada. Así, sin flores ni lágrimas. Solo el silencio por compañía.  Bravao, Norah, Escritos mortecinos…

¿Encuentro casual?

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¿Encuentro casual? Quince asistentes llegaron a la función. No era mucho, pero bastaba para ser la primera. Estaba por cerrar cuando una voz —demasiado suave para esa hora— me detuvo. —¿Me puede vender un latte , por favor? Alcé la vista y reconocí a Jennifer. Con ella, “todo encuentro casual era una cita”. Nunca sabía cuándo volvería a verla. Siempre aparecía. Nos miramos unos segundos. El silencio, entre nosotros, decía más de lo que cualquier palabra habría podido sostener. Nos abrazamos. Luego me besó: primero despacio, después con una urgencia que no pedía permiso. Le mordí los labios. —Con cuidado, me duele —dijo. Me detuve. Acaricié su mejilla. La besé en la frente. Cuando intenté separarme, me abrazó más fuerte. Nos quedamos así. No recordaba un abrazo así, o tal vez sí, pero no en el momento indicado. Norah Bravao, Cotidianidades …

Binomio

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Binomio Vos con tus berrinches y dramas; yo con mi veteranía, mi seriedad y esa mirada inhóspita que, sin saber cómo, te retuvo. Somos distintos. Irreconciliables, diría cualquiera. Pero al encontrarnos, encajamos: como lo cóncavo y lo convexo. Ahí, justo ahí, ocurre todo. Bravao, N., Del amor y otras cursilerías…

Bukowski

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Bukowski Alrededor de las tres de la mañana, entré en la casa de mi vecina. La casa se defendía con pisos de madera pulida y con lámparas demasiado modernas. Subí a la recámara principal. Tenía un toque muy femenino y una cama con un edredón rojo con cojines de corazón y un tenue olor a perfume frutal. Todo estaba muy ordenado, pero se percibía polvo de meses. En el centro de su cama había un libro: La máquina de follar . Lo tomé y escuché el sonido de una sirena. Salí de la casa cual ladrón en fuga y con el libro en las manos. Norah Bravao, Cotidianidades…

Polvo eres

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Polvo eres “Memento, homo, quia pulvis es, et in pulverem reverteris.” Tardó en responder, como siempre. Dijo que no podía seguir, que la culpa la estaba consumiendo. Colgó. Un minuto después, volvió a llamar: —Ábreme. Ya estaba afuera cuando salí. La luz de la calle delineaba su figura con una seguridad que no correspondía a su voz. Entramos sin hablar. Su cercanía no era ternura: era urgencia, como si quisiera escapar de algo que la alcanzaba incluso en silencio. En la habitación, todo ocurrió demasiado rápido. Sus movimientos eran intensos, desordenados. Por momentos, su respiración se quebraba, pero insistía, como quien lucha contra un límite invisible. Cerré los ojos. El golpe fue seco. Cuando los abrí, estaba en el suelo, inmóvil. La llamé. Nada. Busqué su pulso con torpeza. Nada. La observé en silencio: el maquillaje corrido, el cuerpo aún tibio, la expresión detenida en algo que no alcancé a comprender. Entonces lo recordé: “polvo eres y al polvo volverás”. Me quedé quieto, sin...