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Mostrando las entradas de diciembre, 2025

Fantasma

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Fantasma Se despertó temprano para ir a trabajar; corrió a la ducha; tomó el rastrillo y mirándose al espejo notó que no tenía reflejo. Su preocupación mayor ese día fue no rasurarse. El trabajo debía continuar y las deudas pagarse.  El domingo caminaba a mediodía por el parque, cuando se percató de que su cuerpo no proyectaba sombra pese al intenso sol.  Poco a poco notó qué en su trabajo pasaba inadvertido. Lo mismo le pasaba en su casa, en las calles. Así un día, sin previo aviso, se convirtió en un fantasma. Vivo, pero muerto en vida.  Norah Bravao, Escritos mortecinos

Providencia

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Providencia Su alegría era notable. Había esperado tanto para realizar ese viaje. Era la primera vez que viajaría en tren y cruzaría de extremo a extremo el país.  Había hecho las compras de todo lo necesario. El equipaje estaba listo. La emoción crecía cuando el día de la partida se aproximaba. Dos días antes de la salida, recibió el mensaje de su acompañante que decía: “Por razones ajenas a mi voluntad, el viaje se pospondrá. Lo lamento…” Sintió rabia y luego desasosiego, pero mantuvo la calma y pensó: “las cosas pasan por algo”.  Dos días después, mientras revisaba las noticias, leyó el encabezado qué decía:  “De la vida a la muerte: de extremo a extremo del país, tren se descarrila. Más de la mitad de ocupantes perdió la vida”.  Quedó sin palabras. La noticia lo había hecho pensar en la fragilidad de la vida. No era su momento (Deo gratias).  Bravao, N., Escritos para el sosiego desde el desasosiego… 

Masacre

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Masacre El ritual comenzó cuando a un elegido de la turba le pusieron en las manos un palo macizo, le vendaron los ojos y le dieron tres vueltas. La multitud, jubilosa, gritaba: —Dale, dale, dale; no pierdas el tino, porque si lo pierdes, pierdes el camino… A tientas, el desalmado me buscaba para golpearme una y otra vez. Sin piedad. Palo a palo. Cuando un golpe acertaba y alguna parte de mí se desprendía, cuando mi relleno brotaba como sangre, la euforia crecía. Luego venía otro. El mismo procedimiento. Me sentía como un cristiano en el circo romano. Pese a los esfuerzos de quienes me colgaron y movían el lazo que me sostenía, de un lado a otro, para evitar los golpes, mi final se acerca: he perdido cinco de mis siete picos. No hay parte de mí que no me duela. Dense prisa. Quiero morir. Bravao, N., Objetos animados…

Doença

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Doença Supe que lo nuestro no iba a funcionar. No lo hizo desde el inicio. Nunca ardió la chispa de la vida en el beso del amor verdadero. Tus brazos eran territorio ajeno para mi cuerpo. Seguir era alimentar una mentira. Avanzábamos, lentamente, hacia el abismo. No tuviste la valentía de irte, a pesar de mis asperezas, mi indisposición, mi indiferencia. Por eso, mi último acto de amor fue marcharme sin despedida: para salvarnos a ambos de esa enfermedad. Norah Bravao, Cartas sin destinatario…

¿A qué sabe el amor?

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A qué sabe el amor? Sabe a ternura, a amabilidad ,al deseo que despierta al amanecer. Al mediodía sabe a comprensión, a discusiones que construyen complicidad y estabilidad. Pero al ocaso: Sabe a vos y sabe a mí. No importa el momento en que leas estas líneas. Bravo, N., Cartas sin destinatario…