Despedida

Despedida


Sé que no debí alzarte la voz ni mucho menos reclamarte las incontables veces que me fallaste, no con la intención, sino debido a las circunstancias en que la vida te puso. Tampoco debí empujarte, menos en el estado en que te encontrabas, pero no te morías y en la cara se te notaba que ya no querías vivir. Aceptaste estoicamente tu estado después del accidente, pero ya no eras de este mundo. Todo lo planeé para que pareciera un suicidio. Pronto dispondré de la herencia. 

Tu cara de tranquilidad en tu féretro me dice que tomé la decisión correcta. La próxima semana me caso, Amor. Algún día nos volveremos a ver. 


Bravao, Norah, Escritos mortecinos… 


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