Huelga afectiva
Huelga afectiva
Todo parece indicar que estoy curado. No me duele el corazón. No te extraño. No me pongo mal cuando visito los lugares que frecuentábamos ni cuando alguno de nuestros conocidos me pregunta por vos. Las heridas del pasado se convirtieron en aprendizaje. Al final, me enseñaste una gran lección: aprendí a perder. Te agradezco, Nadia.
La tranquilidad surgió como fruto del desapego. Así como escribiera el poeta: “... vida, estamos en paz”.
Aunque tengo en alta estima su cariño Jimena, Naomi y Paola, por ahora me declaro en huelga afectiva.
N.B., Escritos para el sosiego desde el desasosiego…
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