Diez segundos
Diez segundos
Lo recuerdo bien, tu cabeza se recostó sobre mi pecho al tiempo en que te abracé. Dijiste mi nombre. En esos instantes el tiempo se congeló. Todo lo que te quería decir desde hacía mucho tiempo estaba al filo de mi lengua, esperando para salir y eclipsarte para configurar un porvenir juntos, pero no. Fue un abrazo lánguido de diez segundos. Al final, nuestras miradas expresaban lo que ambos sabíamos: no nos volveríamos a ver.
Bravao, N., Escritos sin retorno…
Comentarios
Publicar un comentario