El monstruo
El monstruo
Se decía que el monstruo estaba en todas partes. No tenía rostro humano, pero conocía nuestras debilidades; sabía lo que nos gustaba, y nos seducía con placeres inmediatos. No rondaba en las sombras: prefería los lugares iluminados, donde podía mostrarse como aliado y no como amenaza.
Aquella noche, el trayecto a casa me llenó de temor: ¿y si el monstruo me estaba esperando? Sin embargo, suspiré aliviado cuando mi dispositivo inteligente encendió la luz y reguló la temperatura perfecta al sentirme llegar.
Comprendí que no siempre tememos al monstruo correcto.
Bravao, Norah, De monstruos y otros esperpentos…
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