Niebla

Niebla


De niño me dijeron que la niebla era un lugar sin regreso. Que quien la atravesaba dejaba de existir para los que quedaban afuera. Nunca supe si era una advertencia o una maldición, pero crecí con esa certeza, como si me esperara en algún punto del camino.


Hoy, la encuentro. O tal vez ella me encuentra a mí. La bruma se enrosca en mis tobillos, sube, cubre mis manos, mis ojos. No hay horizonte. No hay atrás ni adelante, solo un adentro que me reclama.


Un estruendo parte el aire. La luz irrumpe y lo demás se apaga. El frío retrocede. El dolor, también. Me dejo caer en una calma tibia, como si por fin hubiera llegado… aunque no sé a dónde.


Bravao, Norah, Escritos mortecinos…

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