Cacería
Cacería
Había preparado su espíritu con oración, ayuno y limosna. Estaba decidido a seguir definitivamente a Dios; pero quizás el designio divino era otro.
Desde el primer día que lo vio y cruzaron sus miradas al salir del templo, Miriam se dijo a sí misma que ese hombre tenía que ser suyo. Se involucró afanosamente en los asuntos de la Iglesia y poco a poco, se ganó la confianza de su objetivo.
Cuando lo tuvo comiendo en la palma de su mano, no dudó en devorarlo poco a poco, lentamente, como lo había planeado desde el principio.
Bravao, Norah, Escritos mortecinos…
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