¿Encuentro casual?

¿Encuentro casual?

Quince asistentes llegaron a la función. No era mucho, pero bastaba para ser la primera.
Estaba por cerrar cuando una voz —demasiado suave para esa hora— me detuvo.
—¿Me puede vender un latte, por favor?
Alcé la vista y reconocí a Jennifer. Con ella, “todo encuentro casual era una cita”. Nunca sabía cuándo volvería a verla. Siempre aparecía.
Nos miramos unos segundos. El silencio, entre nosotros, decía más de lo que cualquier palabra habría podido sostener.
Nos abrazamos. Luego me besó: primero despacio, después con una urgencia que no pedía permiso. Le mordí los labios.
—Con cuidado, me duele —dijo.
Me detuve. Acaricié su mejilla. La besé en la frente.
Cuando intenté separarme, me abrazó más fuerte.
Nos quedamos así.
No recordaba un abrazo así, o tal vez sí, pero no en el momento indicado.

Norah Bravao, Cotidianidades

Comentarios

  1. Se siente como un instante suspendido en el tiempo, donde todo lo demás deja de importar. Hay una mezcla de deseo y ternura que no es caótica, sino íntima, casi inevitable.

    ResponderBorrar
  2. Me transmite esa sensación de encuentros que no se planean pero que marcan más que cualquier cita pensada. Como si el destino jugara a favor de algo que ninguno de los dos quiere nombrar del todo.

    ResponderBorrar
  3. Hay algo muy humano en ese abrazo final, como si ambos supieran que ese momento no podía repetirse igual. Es un cariño que llega tarde o temprano, pero que aun así se vive con toda la intensidad posible.

    ResponderBorrar

Publicar un comentario

Entradas más populares de este blog

The Life of Alien (one approach)

La mirada

Parricidio